Cuando mi marido compró la dacha, en un rincón de la propiedad crecía un arbusto desconocido. Era feo, débil y no se parecía ni a una flor ni a una baya. Quiso arrancarlo, pero su suegra, por curiosidad, se llevó el plantón a su pueblo. Lo plantó en la tierra negra de su enorme jardín (por suerte, era junio), lo regó a diario —«regarlo», como ella decía— y lo abonó con un fertilizante complejo. El arbusto revivió y creció rápidamente. Resultó ser una higuera, un cultivo del sur con frutos dulces y saludables.
Ese año cosechamos nuestros primeros higos. No fue una cosecha muy abundante: unos veinte. Pero nos encantó su sabor, así que la planta se convirtió en nuestra favorita. Al año siguiente creció tanto que, al final de la temporada, no solo tuvimos higos suficientes para toda la familia, sino que también hicimos varios tarros de mermelada.
Este año, a principios de primavera, antes de que brotara la savia, desenterré cuatro raíces del arbusto de mi suegra y las planté en mi jardín. Durante mucho tiempo, los tallos secos permanecieron en la tierra, sin mostrar signos de vida. Supusimos que el arbusto donante había muerto por el frío invernal, aunque ese año no hubo heladas. A mediados de junio, nuestros arbustos habían revivido y las primeras hojas habían aparecido a ras de suelo.
Un riego abundante, junto con ceniza de madera, cáscaras de huevo y cal apagada, dieron resultado: la higuera creció fuerte. La cuarta raíz nunca se recuperó. Pero no la quité; la cuidé igual que las demás, con la esperanza de un milagro.

Nuestros higos

Los higos adoran la humedad
¡Imagínense nuestra sorpresa cuando el arbusto empezó a dar frutos este año! Cada arbusto ya tiene al menos una docena de ovarios grandes, y constantemente se forman nuevos.

higos
Al regresar de la visita una semana después, vimos que la cuarta raíz había brotado. Claro que no era tan fuerte ni tan abundante, pero aun así fue una alegría.
La aboné con fertilizante de fósforo y potasio para que ganara fuerza y desarrollara un sistema inmunológico saludable.
Pero tuvimos que trasplantarla. No esperamos hasta finales de otoño o primavera; la cambiamos de sitio a principios de agosto. Ese fue nuestro error: las hojas del arbusto se marchitaron y se cayeron. Esperamos de verdad que sobreviva. La regamos y la cuidamos mucho.
¡Qué emocionante es probar los primeros frutos de tu propia higuera! Se nota la diferencia de qué jardín recoges las bayas: las tuyas siempre están más ricas.


Nunca he visto crecer una higuera. Es un arbusto muy bonito, con hojas labradas, parecido al arce. Solo he comido higos secos. Los frescos y maduros deben de ser muy sabrosos.
Yo, en cambio, ¡jamás había probado los higos secos! Su sabor debe ser muy diferente al de los higos frescos. Tu comentario me dio la idea de secar algunos higos, de probarlos, por así decirlo. ¡Muchísimas gracias! Si me gustan, lo haré todos los años, añadiéndolos a postres y también para un aporte extra de vitaminas en invierno.