No siempre es posible congelar las hierbas, que es lo que suelo hacer. Este año, el refrigerador se averió definitivamente. Así que, mientras ahorramos para uno nuevo, tenemos que secar las hierbas. Así es como me quedan el perejil y el eneldo:
Son verdes, no amarillentas, porque las sequé en la oscuridad. Pero también decidí conservar las cebolletas, que son imprescindibles para preparar sopa de repollo y borscht verde en invierno. Así es como lo hice:
- Salí al jardín y elegí un parterre para cortar. Me decidí por este (las plumas aquí aún son jóvenes):
- Recogí una cebolla del jardín, o mejor dicho, la corté con tijeras afiladas. No se puede recoger, porque suelta un jugo viscoso que no se lleva bien, y si la cebolla aún es joven, se puede dañar la raíz.
- La lavé bien, luego la sacudí para quitarle el agua y la extendí para que se secara ligeramente, después de secarla con una toalla.
- Ahora ya lo he cortado.
- No corté los trozos en pedazos pequeños, de lo contrario no se notarían en el borscht. Estos son los fragmentos que obtuve.
- Lo coloqué sobre un soporte de plástico, después de haber extendido previamente hojas de papel.
- El resultado fueron cebollas secas para el borscht verde de invierno.
Aconsejo a todos que hagan esto en invierno, especialmente si no hay oportunidad de comprar hierbas frescas (a nuestro pueblo solo las traen antes de Año Nuevo), esta es la mejor opción para preparar platos calientes.
Por cierto, cuando tengo zanahorias de sobra, también he aprendido a secarlas:










